Balvanera
El dia estuvo oscilando durante veinticuatro horas entre el dos y el menos dos. Las calles se vaciaron para que el alma se expanda. En Buenos Aires multitudes se juntaron para gritar un nombre: mi nombre. Se encuentran en la calle Callao, donde mis rodillas besan la senda peatonal. La multitud agita antorchas, levanta carteles, pero no ve nada. Me canto a mi misma una cancion bajito "Y si tengo que morir, que sea hoy, que en la ciudad...". Me cubro los ojos con el asfalto, y la luz con los brazos. Ellos marchan con tanta autoridad, y yo que tengo tantas ganas de desaparecer bajo sus pies.... Quiero ser parte de esta avenida! Y las primeras senioras me aplastan, mientras los hombres me trituran, y los viejos terminan de apelmazar lo que queda de mi. Y ellos estan contentos, y gritan con fuerzas y ganas. Todos me llevan en la suela de sus zapatos. El Congreso esta enrejado. Con sus unias ensangrentadas y dedos machucados golpean para derrivarla, mientras los gritos que me llaman hacen eco en los edificios vacios y abandonados del alrededor. Y llegan a romper los alambres, y a entrar, y a recorrer, y a vaciar, y a gritar, y yo simplemente no estoy. (ELLOS NO ME QUIEREN AQUI).